Retención apostólica

Llaves de Pedro

Llaves de Pedro

No hace falta decir que la «naturaleza caída» del ser humano es la pata de palo incluso de los sacerdotes, y en algunos casos cometen hasta las peores acciones que podemos realizar como humanos, muy a pesar de su condición sacerdotal, por ejemplo la pederastia y violaciones, robos, etc.

A pesar de sus crímenes -que crímenes son- no son enviados a prisión, sensatez de proteger lo que queda de la dignidad sacerdotal en esa persona; pero, ¿y luego?

Definitivamente no se puede simplemente cambiar a otra ciudad y hacer como si nada hubiera pasado, o aplicar un a divinis y prohibir el ministerio público y tan tan. Y mucho menos enviarlo a una «correccional de desórdenes sexuales», que considero igual de perjudicial de una correccional del estado.

Se debe actuar y separar la fruta podrida de la buena, con el objetivo de corregir y rescatar a esa alma mediante acompañamiento psicológico y espiritual, y mantener a salvo a los fieles tanto de los crímenes como de la confusión que siembran.

Creo que urge una labor apostólica por parte de alguna congregación para crear una «retención apostólica», donde sacerdotes y religiosos criminales -con toda la dignidad y discreción del mundo- sean acompañados tanto por psicólogos como orientadores espirituales y claro, por el mismísimo Cristo, mediante exposición y adoración Eucarística tanto grupal diaria, como guardias las 24 horas.

Si Dios lo permite y los psicólogos lo aprueban, quizá podrían volver al servicio tras algunos años de «retención».

Quizá podrían ser buenos pasos hacia una Iglesia y humanidad más santas.

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Nueva encuesta sobre el sacerdocio

Alzacuellos

Tras estar en búsqueda de «Por qué me hice sacerdote? – Encuesta» (cuya última edición fue publicada en 1963) y no encontrarlo más que en muy malas condiciones, me quedé pensando, ¿y si hago una nueva encuesta?

Voy a analizar a qué sacerdotes podría pedirles ayuda, y quizá publicar sus respuestas en éste blog y publicar un libro con las más significantes para no hacerlo tan largo, buscando tanto incentivar vocaciones como renovar otras, como por ejemplo, las de los estudiantes de teología.

Nadar en agua fresca no quita la sed

Un día fui a tomar un café con un muy amigo mío, que es sacerdote. Como llegó con alzacuellos, el mesero y dueño del café le empezó a decirle que estaba mal, que era una pérdida de tiempo, que ellos (los sacerdotes) siempre pensaban que «sólo por persignarse se arreglan todas las cosas», que persignarse no le «hace nada».

Teniendo sólo una hora juntos, pues ambos vivimos en diferentes ciudades y él tenía un compromiso, el Padre le dio el avión, con lo que se fue el mesero y seguimos nuestra plática.

Sin embargo, éste encuentro me dejó pensando, y en el vuelo de regreso a mi casa, me llegó esta idea:

Persignarse, sin dejar que actúe en ti Su Palabra es igual que tatuarte algún alimento para quitarte el hambre.

Ir a misa sin permitir que actúe en tí nuestro Señor, es como meterte sediento a un manantial buscando saciar tu sed, pero sólo nadas de un lado a otro del manantial. Si no le das un trago al agua, por más que nades, no sólo no saciarás tu sed, sino encima te dará más por el ejercicio.